Historia

Ya tenía una idea, un producto que hacer: galletas. Y un fin, conseguir kilos y kilos de comida para entregar en un principio en un comedor social, ya que en estos tiempos de crisis hay un sector muy amplio de la sociedad que no puede cubrir sus necesidades básicas: comer, ¡sí, comer!, algo que damos por hecho y hacemos todos los días varias veces. Hay mucha gente, más de la que imaginamos, que no puede hacerlo, y os aseguro que cuando vemos sus caras de desesperación haciendo cola en el comedor desde bien temprano se te parte el alma.

Así que me puse a hacer galletas; tenían que ser muy ricas para que la gente repitiese, porque es importante concienciar a las personas de que todos comemos todos los días, de modo que solo con comprar una galleta NO ES SUFICIENTE, y también tenían que ser bonitas y variadas, con el mismo objetivo, que repitiesen muchas veces y comprasen muchas galletas.

Y probando, y probando, di con una receta rica; creo que si pones el corazón en lo que haces, las cosas salen bien, y eso hice.

Primeros puntos de venta

El primer punto de venta de galletas fue en la clínica veterinaria. Utilicé a mis clientes como conejillos de indias, porque al principio las galletas eran duras como piedras y la presentación era curiosa. Poco a poco, y con la ayuda de mis "conejillos", di con la textura y el sabor que buscaba.

Y a continuación teníamos que buscar un sitio donde entregar la comida que íbamos a comprar con el dinero recaudado con la venta de las galletas. Me acerqué al Comedor Social de la calle Martínez Campos, 18, que conozco desde pequeña y es uno de los más antiguos de Madrid, pues siempre me llamaron la atención las largas colas de personas esperando desde bien temprano para hacer su única comida del día.

Hablé con los responsables del comedor y me confirmaron que necesitaban ayuda porque habían pasado de atender 500 personas a 600, y también se ocupaban de 60 familias a las que muy temprano les daban la comida, para que no tuviesen que ir con sus hijos al comedor. Y de esta manera nos comprometimos con ellos a que todos los meses les entregaríamos todo lo recaudado con la venta de galletas en forma de comida, según las necesidades que tuviesen en el momento.

El cartel y las etiquetas

Diseñamos el cartel para poner en los puntos de venta, acompañado de una hucha forrada con cartulina rosa fucsia y las galletitas. En el cartel ponemos claramente el nombre de la galleta salidaria con el eslogan: 1 galleta = 1 euro = 1 kilo de comida. Y explicamos que la cantidad íntegra del importe de lo recaudado se destina al comedor social de Martínez Campos, 18, y facilitamos el teléfono para que quien quiera se pueda informar de todo.

En cuanto a las etiquetas de las galletas, inicialmente las hacíamos a mano con cartulinas de color rosa, luego nos las empezaron a hacer los ancianitos de una residencia que está en Las Matas y, finalmente, una cliente y amiga de la clínica, Cora, me dijo que ella se hacía cargo de las etiquetas, así que todos los meses nos hace llegar unas 2000 etiquetas.

Y llegó la ayuda

Inicialmente, hacía las galletas yo sola, pero cada vez había más y más puntos de venta. Era curioso, cuanta más ayuda necesitaba, más personas aparecían para que proyecto pudiese seguir avanzando. Y, por supuesto, mi madre vendía galletas a todas sus amigas. Una de estas amigas, Sarah, que actualmente es nuestra mejor comercial, en las primeras Navidades vendió unas 600 galletas, mientras que en las últimas han sido unas 2000 (es toda una máquina de vender galletas). Y siguieron apareciendo más amigas para ayudar a venderlas en mercadillos, para hacer galletas ocasionalmente en los momentos que era necesario, y cada vez se sumaron más y más personas al proyecto.

Hace más de un año, cuando necesitaba a alguien que estuviese conmigo haciendo galletas de manera constante porque estaba a tope, apareció mi querida amiga Carmen y me dijo que había soñado que tenía que ayudarme a hacer galletas. Y desde entonces vamos juntas en este proyecto.

Otras amigas también están siempre dispuestas a acompañarme para entregar la comida en el comedor o en la residencia. Y ahora, cuando necesitamos dar un pasito más para que este proyecto pueda crecer, contamos con César, profesor de marketing en la Universidad Europea, y esperamos que la Universidad nos pueda echar una mano.