Introducción

¿Cómo llegamos a esto?

La vida me ha demostrado que todo se mueve, nada es fijo. Hoy estamos aquí, y mañana no sabemos: podemos tener un trabajo estupendo, y ver cómo de la noche a la mañana ese trabajo ya no está, unos niños sanísimos, y ver como en un momento la vida cambia y te dicen que tu hijo está muy enfermo y que no pueden hacer nada por él; podemos tener unos hijos adolescentes a los que por más que les indicamos el camino, se encuentran perdidos.

De todo esto hablo con conocimiento de causa, porque lo he vivido y afortunadamente lo he superado.

Mis experiencias, mi filosofía

Soy veterinaria y tengo una clínica que exige dedicación completa, la mayoría de las veces sin horarios, y me considero muy afortunada por trabajar en lo que me encanta.

Tengo tres hijos sanos, uno contra todo pronóstico está perfecto y sin ningún tipo de secuela después de haber superado un hepatoblastoma de grado IV.

Los niños son ahora adolescentesy afortunadamente después de muchas, muchas charlas, porque es fundamental hablar muchísimo, van encontrando su camino.

Así que considero que tengo muchísima suerte y a mis hijos siempre les digo que son muy afortunados por haber nacido donde han nacido, y por lo tanto es un deber ayudar a los que no han tenido la misma fortuna.

Creo que a veces, cuando vives situaciones límite, como pensar que puedes perder a un hijo, te hace ser más fuerte, tener más perspectiva de la vida, ser más tolerante, dar importancia en la vida a lo que realmente merece la pena y saber que debemos ayudar a los demás y sentir compasión por las personas que luchan conta la adversidad.

Y es que cuando estaba en el hospital con mi hijo, en la Unidad de Oncología del Hospital Niño Jesús, en los momentos más difíciles, siempre había personas que estaban peor que nosotros, porque además de tener a sus hijos muy malitos, su situación económica era precaria, y como venías de otras ciudades y habían dejado su trabajo, no tenían donde comer ni donde dormir; estaban solos porque sus familiares no podían acompañarles. Y lo que nosotros hicimos en esos largos meses, cada vez que alguien venía a visitarnos (y por suerte vinieron muchos amigos y familiares), les pedíamos una ayuda para esas familias. Cuanto más les ayudábamos, más disminuía su dolor y el nuestro. Algo muy dentro de mí me decía que todo iba a salir bien, ¡y así fue! Y supe que esta experiencia tenía que servir para algo más, porque estoy convencida de que en la vida todo pasa por algo.

Todo esto sucedió hace trece años, y desde entonces no he parado de darle vueltas a cómo podía devolver a la vida un poco de lo que me había dado, porque siempre he tenido mucha suerte en todo.

Y todo se desencadenó hace unos años, en septiembre de 2012, después de la fiesta por el 14º cumpleaños de mi hija Claudia (¡adolescentes alocados!... Creo que no volveré a hacer otra, ¡qué horror!). Como no podía dormir, estaba en un estado de duermevela; poco a poco me fueron viniendo los fogonazos. Luego leí que las mejores ideas suelen venir de los sueños. Así que al día siguiente me levanté y ya tenía el eslogan en la cabeza: 1 galleta = 1 euro = 1 kilo de alimentos. Y también el color corporativo: rosa fucsia.

Se lo comenté a Eugenio y enseguida se puso a diseñar los carteles, forrar las huchas... ¡¡¡Y nos pusimos en marcha!!!